Fernando Reinares. Comentario Elcano 9/2020 - 23/3/2020
Pongámonos por un momento en la mente de un ideólogo o de un estratega que pertenezca al mando central de alguna importante organización yihadista. Bien podría tratarse de una de las dos organizaciones yihadistas con liderazgo reconocido, estructuras descentralizadas y alcance global, cuyos respectivos repertorios de violencia colectiva tienen en común el hecho de que otorgan preferencia al uso sistemático del terrorismo. Es decir, podría tratarse tanto de al-Qaeda como de Estado Islámico. Pues bien, puestos en la mente de ese ideólogo o de ese estratega al que aludo, consideraríamos plausible que actualmente esté contemplando a través de los medios de comunicación y de las redes sociales, desde algún lugar situado en, por ejemplo, el sur de Asia, en Oriente Medio o en el oeste de África, cómo la pandemia del COVID-19 está alterando drásticamente el funcionamiento ordinario de las instituciones políticas y el normal desenvolvimiento de la sociedad civil en países que definiría, textualmente, como territorio de guerra dominado por infieles y que corresponden al mundo occidental.